Segunda semana en Cachi – Laura Bazallo

Pensamos que el fin de semana iba a haber más movimiento por el pueblo, pero nada de eso. Conocimos a unos cordobeses que estaban el sábado de tarde en la pista y junto con los Ezquel nos coordinamos para ir a comer algo por la noche.

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Gran fiesta gran en Cachi: comiendo unas pizzas el sábado a la noche con los amigos que nos habíamos hecho.

Los cordobeses son corredores de aventuras que andaban de paseo por aqui por un par de días, y los de Ezquel son atletas que están preparando la maratón de Berlín, a ellos ya los habíamos visto entrenando durante la primera semana.

Entre los atletas de Ezquel está Karina Neipan que me acompaño el domingo en mis 25km.

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Esa mañana salimos rumbo a la pista de aterrizaje y ahí seguimos por un camino de tierra y piedras, Juancho nos acompañaba con la bici que nos había prestado el hermano de Karina. En las primeras subidas ella se fue adelante y era imposible seguirle ese ritmo arrollador. Parecía una moledora subiendo esas cuestas, traccionando con las piedras, en una posición de guerrera con los brazos como topadoras, yo solo atine a seguirla de atrás.

Fué uno de los días más lindos y más calientes, y por ese camino de tierra solo se veían cactus y más cactus, con montañas a lo lejos…era todo un desierto, el sol se hacía sentir y la deshidratación también, tanto que desabastecimos a nuestro puesto móvil de hidratación (Juancho) que volvió al pueblo en busca de más agua. Si no fuera por el, yo estaría tirada al costado de un cactus desintegrándome jeje.

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El fin de semana pasó y había que arrancar otra semana más en Cachi: Juancho y yp yá extrañando nuestro paisito y Laura contagiándose de a poco de nosotros, probando la torta marmolada que hicimos y la tarta de atún que fue todo un éxito.

El Lunes experimente lo que se siente estar en una tormenta de arena.

Salí por mi fondo de 15km por la mañana por el camino de “Cachi adentro”, un camino de tierra que sube hasta 2600mts de altura, ya a la ida de repente comenzó a soplar un viento fuera de lo común, y en un momento comenzó a levantarse la tierra y tuve que parar y ponerme de espaldas, al punto que ya no se veía nada ni a centímetros y no podía respirar del polvo, así que me agaché y me quedé sobre el borde del camino por las dudas que pasara algún auto. El viento poco a poco paró y yo continué corriendo.

A a la vuelta me agarraron como cinco tormentas más de esas y llegué a la casa envuelta en polvo, al igual que Laura y Juancho, solo que a ellos los agarró ya llegando a la casa.

El martes fue día de pista, a mi me tocaban pasadas de 2000 mts y tenía miedo porque no sabía si podría hacerlas. Laura se acopló a mi entrenamiento con pasadas de 800 y 400 y a Juancho le tocaban pasadas de 800. Ese día también estaban los de Ezquel y terminamos haciendo pasadas todos juntos.

 

Cuando comencé a entrenar, las dos primeras vueltas eran fáciles pero luego se hacía difícil mantener el ritmo, ritmo que ya de por sí es mucho más lento del que hago en Montevideo, pero yo pensaba en que lo importante era hacerlas y salieron por suerte parejitas!!!

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En el pueblo por las noche se escuchan cánticos y música con sonido de tambores y ollas, descubrimos que hacen como una misa o rezo a Jesus porque cantan canciones relacionadas a la religión. Una noche íbamos a comprar algo que nos faltaba para la comida y al abrir la puerta vimos pasar a gente cantando y rezando, vaya a saber a donde iban. Luego nos enteramos que ese fin de semana había una peregrinación hacia la catedral de Salta rindiendo culto a una virgen. De todas maneras es un pueblo muy católico, en la casa hay estampitas de santos por todos lados y en mi cama una crucecita colgada en la cabecera.

El miércoles continuaron los kilómetros pero por suerte en un solo horario. En la tarde salimos a caminar por el pueblo y a tomar unos mates en la plaza en donde nos encontramos con los hermanos Cuestas.

Jueves, pista nuevamente y estábamos contentos porque no había viento. Pero cuando entramos a la pista comenzó a soplar un viento que vino de repente y no paraba. Como si fuera poco, teníamos un caño de tipo plastoducto blanco de 30 cm de diámetro que atravesaba la pista porque estaban regando la cancha.

Así que yo y mis 4 pasadas de 3000mts lo iban a odiar y procure pedirle al encargado si por favor lo podían retirar. – “Seguro” – me dijo – “enseguida vamos…”

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Pero los tiempos de Cachi se ve que no son los mismos que los que nosotros manejamos, y recién cuando iba en la última pasada de 3000 pude zafar del obstáculo…ya casi casi pronta para un 3000 con obstáculos!

Ese día las pasadas no salieron muy bien, el viento no dio tregua, por suerte Laura y Juancho se pudieron acomodar al viento ya que tenían pasadas de 300 mts y quedaron contentos con su entrenamiento.

Se viene el fin de semana con muchos kilómetros a la vista y parece que las cosas poco a poco van saliendo y nos vamos adaptando.

Así esperamos nuestra tercera semana en Cachi.

 

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